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martes, 30 de diciembre de 2014

Defensa ha gastado 130.000 euros en localizar cadáveres de la División Azul

El Estado español financia desde 1996 la búsqueda y exhumación de los cadáveres de combatientes españoles que cayeron en la división Azul.

Chema Robles Corresponsal de Diario de León - MADRID. Chema Robles Corresponsal de Diario de León 10/03/2003
  • Una descendiente de los ajusticiados de Lario sujeta la foto de sus parientes - RAMIRO
    Una descendiente de los ajusticiados de Lario sujeta la foto de sus parientes - RAMIRO


Fue el Gobierno socialista quien suscribió en septiembre de 1995 el convenio con Volksbund, una fundación alemana que se encarga de la búsqueda de los desaparecidos en la Segunda Guerra Mundial. Durante el año 96 se procedió a la búsqueda de información sobre los españoles caídos en la 250 División Española de Voluntarios, la División Azul del ejército nazi. Hasta el 2001, y según los datos del Gobierno en una respuesta parlamentaria al PSOE, se han exhumado 1.162 cadáveres de doce cementerios del oeste de Rusia. Además, en los próximos meses Volksbund procederá al levantamiento de un cementerio de San Petersburgo donde descansan 727 soldados españoles. El coste de la colaboración con la fundación alemana asciende, según Defensa, a 90.000 euros. La mayoría de los cuerpos (se han repatriado tan sólo unas pocas decenas) serán trasladados al cementerio ruso de Pankovka, remodelado con 40.000 euros, según el Gobierno. En la actualidad, este cementerio alberga a 829 españoles caídos en la contienda internacional. En los próximos meses, y coincidiendo con la finalización de estas obras, el Gobierno realizará un acto conmemorativo en recuerdo a estos españoles que combatieron junto al nazismo. Esta implicación del Estado en la búsqueda y recuperación de los cuerpos de la División Azul contrasta con la ausencia de cobertura legal y económica en el caso de la localización de las fosas comunes de los represaliados por el franquismo durante la Guerra Civil española (1936-1939) y la posguerra. Una búsqueda de desaparecidos que la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica comenzó en León (una provincia muy afectada por la represión, debido a la rápida victoria del ejército rebelde), donde se calcula que todavía hay un millar de cadáveres en fosas comunes (más de 20.000 en España), y que ha desbordado a la organización que dirige Emilio Silva. La diputada leonesa del PSOE, Amparo Valcarce, cree que «el ministerio de Justicia debe firmar convenios similares al de Volksbund para buscar a los españoles desaparecidos en el territorio nacional». «Ya tienen un ejemplo para recuperar la dignidad de los desaparecidos. Queremos que no muerda la memoria y el recuerdo y que estos españoles tengan un entierro digno. El Gobierno no debe mirar hacia otro lado y debe decir ''no al olvido''; hay que recordar que las naciones que olvidan su historia están condenadas a repetir lo pero de esa historia y que este país tiene que compensar a quienes nada tuvieron».

lunes, 26 de agosto de 2013

Córdoba busca a los últimos guerrilleros de Sierra Morena

El País (24 AGO 2013) Córdoba busca a los últimos guerrilleros de Sierra Morena La resistencia en la provincia aguantó una década • Todos le conocían como El Aparato. El campesino Bernabé Sánchez Torralbo solía recorrer Adamuz (Córdoba) con un artilugio montado en una carretilla, vendiendo y rifando chucherías. "Así se quedó con el apodo", recuerda su nieto, Juan Sánchez. El Aparato era también enlace de la guerrilla que se movía por Sierra Morena combatiendo al franquismo en los años cuarenta. Hasta que el 20 de septiembre, al buhonero se le aplicó la ley de fugas junto al arroyo Valdelaguerra, en Adamuz. Tiroteado hasta morir, su familia está convencida de que fue enterrado en una fosa anónima del cementerio municipal, junto con más de 40 represaliados entre combatientes, colaboradores y víctimas ajenas a la lucha armada. Su tesón por encontrarlo, como hacen otras familias de guerrilleros, enlaces y vecinos, revivió hace unas semanas cuando se practicaron las primeras catas en el camposanto para buscar a las víctimas. En los cuarenta, Adamuz vivía asolado por la miseria de la posguerra que dejó la contienda civil. La guerra fue atroz en la provincia de Córdoba, pero la década que siguió al final de los combates no lo fue menos. Las partidas de maquis estuvieron activas en los cerros de la provincia durante 10 largos años. Dos lustros en los que se prolongaron las ejecuciones sumarias y los fusilamientos, junto a la cárcel y la tortura de los familiares, a los que apremiaban con sadismo para delatar el paradero de los guerrilleros. Las últimas columnas de combatientes republicanos resistieron en esos parajes agrestes, diezmadas por la represión y el agotamiento. La más famosa de ellas fue la partida de Romera, liderada por el socialista Claudio Romera Bernal, asesinado el 11 septiembre de 1949. Los Romera tuvieron bastante contacto con otra partida muy activa en Adamuz, la de los Jubiles. Todos ellos desaparecieron a finales de los cuarenta, y con ellos terminó la actividad guerrillera en Sierra Morena. Pero su memoria sigue viva, en buena medida, por la labor que durante años han realizado sus nietos. Francisco Cebrián Fernández, fusilado en Adamuz. Una de las descendientes es Guadalupe Martín Gómez, nieta de Antonio Gómez Soto, acusado de ser enlace de la guerrilla, aunque la familia lo niega, y asesinado el 3 de septiembre de 1947 en el arroyo Tamujoso de Adamuz. La otra mujer que ha liderado la búsqueda es Araceli Pena Sanz, nieta de Alfonso Sanz Martín, combatiente granadino muerto en una emboscada en la sierra de Adamuz el 24 de agosto de 1947. Guadalupe y Araceli han recorrido archivos, registros, buceado en libros de historia y hablado con ancianos que todavía recordaban hechos, nombres y lugares para reconstruir la suerte que corrieron aquellos grupos de guerrilleros y quienes les ayudaron. Y no es nada fácil, 74 años después del final de la Guerra Civil, la ley del silencio que reinó las cuatro décadas de Franco sigue pesando. Juan Sánchez siempre supo que a su abuelo lo habían matado, pero poco más. "En mi familia no se hablaba. Mi padre nunca dijo nada. Él era muy pequeño cuando pasó, pero tampoco preguntaba", comenta en el cementerio, junto a la zona en la que se sospecha que está su abuelo enterrado con otras decenas de resistentes. Su tía Rafaela Sánchez Torres, otra de las hijas de Bernabé, le acompaña. A sus 84 años, recuerda aquel periodo terrible. Rafaela terminó emigrando a Cataluña con su familia, en parte por razones económicas, en parte por dejar atrás el recuerdo. A diferencia de otros enterramientos múltiples de la guerra y la represión posterior, en el cementerio de Adamuz no se excavó una gran fosa común donde arrojar los cadáveres. Como el ritmo de la cacería a la que la Guardia Civil y el Ejército sometieron a los guerrilleros fue implacable pero lento, se optó por fosas individuales que se iban abriendo a medida que los iban asesinando. Pero todo con un orden y una pauta que se repetía: en filas de a dos y con un tercera persona en medio, a lo largo de todo el muro del fondo del camposanto. Este rasgo sistemático lleva a pensar a Guadalupe "que puede existir algún registro o archivo de la Guardia Civil que recoja cuántas personas hay enterradas, quiénes eran y dónde están". Porque la nieta de Antonio Gómez Soto sospecha que bajo la tierra puede haber muchos más restos. También hubo gente que fue enterrada allí pero cuyos cadáveres se pudieron recuperar. Es el caso de Francisco Cebrián, otro enlace de los guerrilleros que fue asesinado por la Guardia Civil en Arroyo Perojil, en Adamuz, en 1949. La familia de este comunista, que había logrado sobrevivir a la guerra y a la represión, pero que terminó pasado por las armas, pudo colarse una noche en el cementerio y desenterrar su cadáver. Su nieta Dolores cuenta que la familia averiguó dónde se encontraba la fosa. "Apenas si estaba excavada, era bastante superficial. Solo apartando un poco de tierra ya asomó. Comprobaron que era él por lo calcetines rojos que llevaba, los zapatos y por la dentadura. Tenía los dientes igual que un hijo suyo", explica bajo uno de los cipreses del cementerio. Antonio Gómez, fusilado en Adamuz. La cata arqueológica que los familiares efectuaron los pasados 10 y 11 de agosto removió la historia más negra de Adamuz. Bajo el cemento de uno de los caminos que surca el cementerio asomó medio cuerpo, constatando la presencia de enterramientos anónimos. Parece que se resuelve así uno de los principales enigmas que asustaba a las familias: si seguían allí los restos de los asesinados o habían desaparecido del todo, durante unas obras de canalización acometidas en los años ochenta sobre las fosas, tal y como afirmó uno de los sepultureros. Basándose en las excavaciones preliminares, los familiares están convencidos de que los represaliados siguen allí enterrados. Pero la búsqueda, cuando se lleve a cabo de forma completa, va a ser muy complicada. Como ha ocurrido en toda España, el tiempo ha ido modelando el paisaje de las fosas originales. En el caso del pueblo cordobés, además de la instalación de tuberías, se construyeron hileras de nichos en los muros del cementerio y se levantaron nuevas estructuras. Todo ello ha hecho variar las localizaciones que tenían establecidas en un escueto croquis, dibujado por el sepulturero en los 40 y que, en el caso del abuelo de Guadalupe, señalaba exactamente la zona en la que se encontraba. "Nos hemos dado cuenta de que los metros y distancias que indica el dibujo han podido variar porque se construyeron los nichos en los muros laterales con una profundidad de unos ocho metros", apunta la nieta del fusilado. El primer trabajo sobre el terreno no se podría haber hecho sin la colaboración de Aremehisa, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Aguilar de la Frontera. Este grupo, con amplia experiencia en la excavación de fosas en la provincia de Córdoba, recibió el apoyo de voluntarios de media España para realizar la cata. Rafael Espino, su portavoz, espera que la campaña se reanude con la participación de un georradar que ayude a determinar la ubicación exacta de las víctimas. Así, 64 años después de que asesinasen a los últimos resistentes de la guerrilla, sigue la lucha por su memoria.

sábado, 7 de julio de 2012

II Jornadas de Memoria Histórica de Guillena

Entre el día 16 y el 21 de Julio (una fecha para no olvidar, pues el día 17 de Julio de 1936 fue, realmente, cuando se dió el golpe de estado) se celebran una serie de actos que bajo el título de II Jornadas de Memoria Histórica de Guillena nos llevarán a conocer más a fondo los hechos ocurridos en esa localidad, no solo en esas fechas, sino también en los últimos 10 años, donde ha sido, una vez más, la SOCIEDAD CIVIL (a través de algunas asociaciones memorialistas y familiares de las víctimas) LA QUE HAN HECHO POSIBLE QUE LOS RESTOS DE ESAS 17 MUJERES PUEDAN SER ENTREGADOS A SUS FAMILIAS, sin que ello signifique dar por finalizadas las actuaciones, pues el círculo de "la verdad, la justicia y el reparación", sigue sin cerrarse, pues la JUSTICIA no aparece por ningún lado.

Ha sido este caso, Guillena y sus 17 rosas, uno de los más importantes para Andalucía, pues en comparación con otros similares, aquí tanto las investigaciones previas (José Mª García Márquez *) hasta los últimos detalles, la luz y los taquígrafos han estado a pie de obra (exhumación).

El libro "Memoria de Guillena. Tierra de rosas silenciadas". de Mª Carmen Fernández Albendiz y Lucia Socam,
que se presenta en las jornadas será leído, mirado con lupa, e incluso estudiado, pues muchos (asociaciones y familiares de desaparecidos) sacaremos de sus páginas, "las enseñanzas" necesarias para seguir adelante.

Si alguien quiere (lo recomendamos) mandar algún correo a la Asociación de Guillena y puede hacerlo a: manuelgarfern@hotmail.com  o luciasocam@gmail.com

Cecilio Gordillo, Coord. RMHSA de CGT.A
Alcalde Isacio Contreras 2b, local 8 / 41003 Sevilla
memoriahistorica@cgtandalucia.org

NOS VEMOS EN GUILLENA

miércoles, 18 de abril de 2012

Si las fosas comunes hablaran: Documental "Morir de Sueños"

Un pendiente entre 10 esqueletos

La joya hallada en una fosa permitió identificar a María Alonso, violada y fusilada en 1936

  A la izquierda, pendiente de María recuperado en la fosa común de Izagre (León) y al lado, sortija que su hermana Josefina se hizo con el otro. / CLEMENTE BERNAD

María Alonso, bañezana de 32 años, llevaba el día que la mataron un solo pendiente porque tenía una infección en la oreja izquierda. Lo que parecería el detalle insignificante de un final salvaje —fue violada y torturada antes de morir— permitió en 2008, 72 años después, que su hermana Josefina pudiera identificarla entre el amasijo de esqueletos con los que compartía fosa común en un pueblo de 200 habitantes, Izagre, en León.
Los forenses que exhumaron los restos de aquellos 10 fusilados se volvieron locos buscando el otro pendiente. Hasta que Josefina llegó a la fosa y enseñó el que faltaba. “Con el que se dejó en casa yo me había hecho una sortija que no me he quitado nunca. Ver el otro aquel día entre los huesos fue el momento de mi vida. Al encontrar el otro pendiente y sacar a mi hermana de aquella cuneta, cerré mi herida”, explica, a punto de cumplir 91 años.
A María, la tercera de siete hermanos (seis chicas y un chico), la mataron el 9 de octubre de 1936. Ese año, antes de que estallara la guerra, le había tocado la lotería. Con el dinero había invitado a su hermana a un viaje a Madrid. "Fuimos a un museo y me contó la historia de todos los cuadros. Le encantaba leer".
Un grupo de labradores había descubierto su cadáver poco después de la matanza. Tenía la cabeza rapada. Los campesinos se la cubrieron con una boina. Así se lo explicaron a los forenses que casi una vida después abrieron la fosa donde quedó enterrada.

María Alonso Ruiz, de niña

Esta historia inspiró al fotógrafo y cineasta Clemente Bernad el documental Morir de sueños, que se estrenó ayer en La Bañeza, tierra de Josefina y María, y que a partir de ahora se proyectará en los pueblos con más represaliados del franquismo. “La historia de este pendiente tiene gran fuerza simbólica, representa muchas otras”, explica. Desde 2003, recorre España fotografiando exhumaciones, un viaje con el que acaba de publicar un estremecedor libro, Desvelados.

viernes, 13 de abril de 2012

Fosa común en Espinosa de los Monteros

 

Este artículo fue publicado el 13 de abril de 2012 en http://www.javierortiz.net

Andi Plaza
Mis padres compraron en Espinosa de los Monteros (norte de Burgos) una casita a medias con mi hermana y su marido. Con el tiempo, nos enteramos de que alojaba en su jardín los restos de personas asesinadas por los falangistas durante la guerra civil.
El caso es que la Sociedad Científica Aranzadi, a petición de un familiar de los ejecutados, decidió comenzar a exhumar los restos el 2 de abril. Así que, como no nos lo queríamos perder, hicimos una visita extra a la familia.
Allí se presentó un equipo de unas 20 personas dirigido por Francisco Etxeberria. Este grupito de Aranzadi probablemente sea el más reconocido del estado. Su prestigio en exhumación de fosas es notorio: el doctor Etxeberria fue designado junto con otros forenses para examinar los restos de Salvador Allende y determinar si se suicidó. Por cierto: recuerdo que cuando se extrajeron la primera vez para darles un entierro digno, acudieron varios líderes autosocialistas internacionales, como Mitterrand. Pero no se vió por allí ninguna representación del PSOE. Quizá también de esto se enteraron por la prensa .
También se acercó hasta Espinosa el reputado fotógrafo Gervasio Sánchez, azote de la hipócrita ralea política de todo pelaje. Estuvo documentando todo el proceso, junto con otros fotógrafos. Como es uno de mis tótems, dos neuronas hicieron un falso contacto y acabé llamándole Gervasio Guzmán. Vosotros ustedes ya me entendeis .
Hay que decir que acudió un político del PSOE: Ander Gil, senador por Burgos. Este muchacho oyó estoicamente los datos objetivos de Gervasio sobre la actitud de su partido hacia los represaliados durante la guerra y posguerra. Me pareció que Ander estaba especialmente sensibilizado. Quizá sean sus tablas de político profesional, pero me pareció una buena persona. Le concederemos el beneficio de la duda aunque milite en una megaestructura en la que hay lugar hasta para el señor Bono (y preferente. No te digo ná y te lo digo tó).
Además, estuvieron La Sexta y Cuatro. Dado que es la primera fosa que se abre tras el revolcón propinado a Garzón, se había levantado bastante expectación (y todo rima con "camión"). TVE no envió a nadie, pero la noticia apareció indirectamente puesto que la publicó El País el viernes 6 de abril -¡en portada!- y no tuvieron más remedio que mencionarla en los análisis de prensa nacional. Aquí os dejo el enlace del "Periódico Global en español" por si os apetece curiosear:
Dos fosas, 13 asesinados y 50 testigos en Espinosa de los Monteros
El martes afloraron los talones de un par de botas. Los ejecutados habían sido colocados hacia abajo, para que fueran al infierno. Parecían ahogados que flotaban inmóviles sobre la tierra. Por los libros sé que los esqueletos son restos de lo que fueron personas; pero me impactaron más las botas (parecidas a las que yo llevaba) y los restos personales: en la fosa de las mujeres -porque se enterraron separadas- apareció un espejito, una peineta .... En mi ignorancia, me conectaban directa y brutalmente con la suerte de esta pobre gente más que las fracturas del "espía" de 16 años, asesinado a golpes.
La abuela de mi amigo Javi, también fue asesinada por "espía": dos de sus hijos quedaron aislados con el rebaño en unas cabañas al otro lado de la línea del frente. Les fue a llevar comida y alguien la vió, con lo que se interpretó que llevaba información a la zona republicana. Como su marido también fue asesinado y arrojado a la fosa de mi casa, los 8 hermanos quedaron huérfanos. La madre de Javi, con 20 años, tuvo que sacar adelante la familia. En aquellas circunstancias y con sus principales recursos requisados: debía llevar personalmente 10 litros de leche diarios a la Comandancia de la Guardia Civil. Así hasta que llegó un mando que se apiadó de ellos y les dispensó de esta obligación.
Cada familiar que se acercaba a la fosa contaba su historia. Todas estremecedoras. Pero la mayoría estaban aliviados e incluso felices. Algunos no tuvieron valor de acercarse: vi una mujer que se volvió a toda prisa cuando estaba a un par de metros de la fosa. Espero que todos se sientan liberados de esta inmensa carga algún día.
Cuando se exhumó el último de los nueve esqueletos masculinos, otros tantos estudiantes de antropología de la Universidad Complutense ocuparon su lugar. Se dispusieron en la misma posición en la que habían quedado los ejecutados y así estuvieron durante un minuto. Finalmente, fueron levantándose uno a uno, con lentitud y en absoluto silencio, en un ambiente emocionante y sobrecogedor.
Paralelamente, en el pueblo, las procesiones recordaban a un hombre asesinado hace más de 2000 años. Ví peinetas, mantillas, abrigos de piel y más empatía por algo que sucedió hace dos milenios en Oriente Medio que por lo acontecido en el pueblo hace menos de un siglo.
En fin, queridas/os, nunca había vivido con tanta intensidad estas fechas. Vengo muy sensible. Ha sido un enorme placer pararme a charlar en el pueblo con gente que no conocía y comprobar que estaban parlanchines y felices. De repente, una parte de Espinosa se ha liberado del opresivo silencio impuesto. Y recupera su derecho a ventilar el alma, pública y despreocupadamente, del aire viciado que no se renovó durante tanto tiempo.
Un abrazo muy, muy gordo 

Adjunto también el enlace a la noticia aparecida en el pais  que hace referencia a la excabacion: http://politica.elpais.com/politica/2012/04/05/actualidad/1333653419_849770.html

Que termina así:

 Después de cuatro días de trabajos la expectación ante la excavación se había reducido el jueves al mínimo en un día frío y lluvioso. La primera reacción al ver los esqueletos en el hueco abierto entre una acera y un jardín privado era el silencio. “Asistir a la apertura de una fosa común es una experiencia que cambia para siempre la apreciación”, defiende Etxeberria. El forense ha acumulado la suficiente experiencia en la apertura de más de un centenar de fosas del víctimas del franquismo para saber que los familiares no exageran al relatar lo que les han transmitido. “Se ha vuelto a demostrar que lo que cuentan, lo que se recuerda en los pueblos, es cierto”, dice. También sabe con certeza que la visión de la apertura de una fosa común cambia para siempre la forma de enfrentarse a la memoria histórica. Los estudiantes como Virginia Jiménez lo atestiguan.