En las tardes de invierno
cuando un sol equivocado busca a tientas
los aromos de primaveras perdidas,
va mi padre en su Dodge 30
por los caminos ripiados de la Frontera
hacia aldeas que parecen guijarros o perdices echadas.
O llega a través de barriales
a las reducciones de sus amigos mapuches
cuyas tierras se achican día a día,
para hablarles del tiempo en que la tierra
se multiplicará como los panes y los peces
y será de verdad para todos.
Desde hace treinta años
grita “Viva la Reforma Agraria”
o canta “La Internacional”
con su voz desafinada
en planicies barridas por el puelche,
en sindicatos o locales clandestinos,
rodeado de campesinos y obreros,
maestros primarios y estudiantes,
apenas un puñado de semillas
para que crezcan los árboles de mundos nuevos.
Honrado como una manta de Castilla
lo recuerdo defendiendo al Partido y a la Revolución
sin esperar ninguna recompensa
así como Eddie Polo –su héroe de infancia-
luchaba por Perla White.
Porque su esperanza ha sido hermosa
como ciruelos florecidos para siempre
a orillas de un camino,
pido que llegue a vivir en el tiempo
que siempre ha esperado,
cuando las calles cambien de nombre
y se llamen Luís Emilio Recabarren o Elías Lafertte
(a quien conoció una lluviosa mañana de 1931 en Temuco,
cuando al Partido sólo entraban los héroes).
Que pueda cuidar siempre
los patos y las gallinas,
y vea crecer los manzanos
que ha destinado a sus nietos.
Que siga por muchos años
cantando la Marsellesa el 14 de julio
en homenaje a sus padres que llegaron de Burdeos.
Que sus días lleguen a ser tranquilos
como una laguna cuando no hay viento
y se pueda reunir siempre con sus amigos
de cuyas bromas se ríe más que nadie,
a jugar tejo, y comer asado al palo
en el silencio interminable de los campos.
En las tardes de invierno
cuando un sol convaleciente
se asoma entre el humo de la ciudad
veo a mi padre que va por los caminos ripiados de la Frontera
a hablar de la Revolución y el paraíso sobre la tierra
en pueblos que parecen guijarros o perdices echadas.
Jorge Teillier
Chile. 1935-1996
lunes, 15 de diciembre de 2008
VALENTÍN ANDRÉS GÓMEZ. Historiador y autor del libro ‘Del Mito a la historia. Guerrilleros, maquis y huidos en los montes de Cantabria’
2 DOMINGO Diario Montañés, 19 de octubre de 2008«Acabada la Guerra hubo gente que no pudo volver a su pueblo»
Para el autor de un profundo estudio de la guerrilla Hasta el año 1957 hay mucho de mito ya que «hubo personajes tanto o más importantes que El Cariñoso, Juanín o Bedoya»JOSÉ LUIS PÉREZ
«Cogí una escopeta, los cartuchos por si me hiciera falta utilizarlos. Me puse los cinturones y escapé a las cabañas. De derechas siempre hay algún cabrón conocido. Pero la gente de aquí, por ejemplo la del bar, es de derechas y daba la sangre por mí. Sabía que la mayoría de ellos me ayudarían en vez de perjudicarme. –‘Yo conozco el terreno, conozco las montañas, he nacido entre ellas y aquí se van a ver mal para pescarme a mí’. El único que salvó la vida (de los del Frente Popular de Arredondo) creo que fui yo. ¿Y por qué la salve? No porque me indultaran. Luego fui un santo, pero si en ese momento nazco cien veces, cien veces me matan. Pero a mi me daba muy mal olfato el fascismo». Testimonio de Daniel Peral, en la página 22 del libro. Peral estuvo en el monte entre agosto de 1937 y junio de 1940, fecha en la que se entregó.
Es éste uno de los aproximadamente sesenta testimonios recogidos fundamentalmente a mediados de la década de los noventa por el historiador santanderino Valentín Andrés Gómez y que le han permitido armar un libro que ofrece una visión diferente y muy documentada de lo que hasta ahora conocíamos de los maquis, los guerrilleros o los huidos al monte en la etapa final de la Guerra Civil o en los primeros años del Franquismo. La obra, editada por el Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cantabria, representa una amena e interesante aproximación a una etapa de la historia de Cantabria y a un fenómeno que, como resume muy bien su título, tiene mucho de mito. Una ardua labor de recogida de datos permitió a Valentín Andrés tomar contacto con numerosos protagonistas que vivieron durante una etapa de su vida en el monte, fundamentalmente por razones de carácter ideológico: eran los perdedores de la Guerra. Superados los recelos y transcurridos los años, los supervivientes, muchos de ellos ya fallecidos, «se confesaron» y facilitaron al autor la elaboración de este trabajo, un buen ejemplo de una historia oral que apenas ha tenido continuidad en la historiografía de la región.
– ¿Cómo nace este trabajo?
– Siempre me interesó la historia social a partir de las fuentes orales. No se trata de una investigación con fines académicos, es un trabajo personal, fruto de una inquietud..., con el objetivo de atender a unos movimientos sociales tradicionalmente olvidada por las tendencias historiográficas imperantes. La historia social es la gran olvidada de la historia regional.
– ¿Dónde nace el libro?
– A partir del conocimiento de Marcos Campillo surge la posibilidad de acceder a una serie de personajes, gente de a pie en muchos casos, que participaron en la Guerra Civil y que se vieron abocados a un protagonismo para el que no estaban preparados.
– ¿Cuánto tiempo ha invertido?
– Empecé el 1995 y la mayoría de las entrevistas son de ese año. Pero ha sido posible gracias al tiempo libre que me han dejado las circunstancias personales y familiares. Ha llevado su tiempo, pero esto tiene una ventaja, ya que te permite madurar y hacer un análisis más tranquilo. Es un trabajo muy posado.
– ¿Cómo fue posible conseguir tantos testimonios?
– La técnica es sencilla, es lo que se denomina la ‘bola de nieve’. Yo conocí a Marcos Campillo, que estaba en Francia, y a gente que había tenido relación con este fenómeno. A partir de ahí, unos te abrían otras puertas, pero siempre era imprescindible ir de la mano de alguien de confianza. Todavía había dosis de desconfianza y recelo. Hubo quienes se negaron a hablar del tema y otros que sí hablaron, pero sin que la charla fuese grabada. Te das cuenta que la historia está viva.
– ¿La Transición dejó heridas?
– Con el pacto de silencio y con esta teoría del mito fundacional de la Democracia que requería el ‘borrón y cuenta nueva’ hubo mucha gente se había echado al monte, resistiendo y sobreviviendo, a la que nadie
domingo, 14 de diciembre de 2008
Antonio Ruiz hidalgo. Los caminos del exilio: historia de un militante.
El artículo de Valentín Andrés Gómez, del que hacemos referencia, fue publicado el 2001 en el libro "Sesenta años después. El exilio republicano en Cantabria". Editado por el Centro Asociado de la UNED en Cantabria, Santander. Recogela vida de Antonio Ruiz-Hidalgo Fernández, que es la de un militante de izquierdas. Nació el 20 de diciembre de 1911 en Santander. Con 19 años ingresó en las Juventudes Socialistas, de cuya dirección formó parte desde su incorporación. Participó en las elecciones municipales de abril de 1931 que desencadenaron la llegada de la República. Durante el Bienio Negro fue detenido por editar un periódico clandestino, por lo cual fue desterrado de Santander, a donde regresó tras el triunfo del Frente Popular en febrero de 1936. Durante la Guerra Civil llegó a ser Capitán de la Compañía de Costa en el Palacio de la Magdalena y Secretario General de las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU). Formó parte del Frente Popular como representante de la JSU y del Tribunal Popular. Caída Santander en manos de los sublevados, se desplazó a Valencia para seguir colaborando con su organización. Tras la definitiva derrota del bando republicano comenzó un largo exilio por Francia, República Dominicana, Cuba y por último México, donde aún hoy reside.
Para acceder al artículo: (pulsa aquí)
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sábado, 13 de diciembre de 2008
Presentación en la Librería Gil
El día 12 de diciembre se presentó el libro "Del mito a la historia. Guerrrilleros, maquis y huidos en los montes de Cantabria" en Santander . El acto se celebró en la Librería Gil de la plaza Pombo ante unas sesenta personas. Entre ellas Joaquín Recio, que en durante el coloquio compartió con los asistentes su testimonio. Nos relató el secuestro de su madre, Gabriela Quintana, la noche de San Juan de 1940 por "El Cariñoso", "El Ferroviario", y "El Catalán".




viernes, 28 de noviembre de 2008
Recuperando la memoria: Honorato Gómez Iglesias
Honorato Gómez Iglesias nació el 3 de agosto de 1912, en Pesués. En 1930, cuando tenía 18 años ingresó voluntario en el ejército, fue destinado en el regimiento de Infantería Valencia de Santander. Con la llegada de la República se incorporó a las Juventudes Comunistas y tras la fusión de estas con las Juventudes Socialistas, pasó a militar en las Juventudes Socialistas Unificadas. Ante el cariz que tomaban los acontecimientos políticos organizó con otros compañeros un comité antifascista dentro del cuartel.
Desde el primer momento de la sublevación estuvo colaborando con el Frente Popular, informando de los movimientos sediciosos que se produjeron en el Regimiento Valencia. Participó en la organización y adiestramiento de las milicias, y formó parte de la primera columna que partió al frente. Fue ascendido a teniente, y como tal pasó a formar parte del Batallón 121 y luego del 112. Al caer Santander, estuvo preso en la Prisión Provincial, en el convento de las Salesas y finalmente en el Penal del Dueso. Salió en libertad en 1941
A la salida de cárcel tomó contacto con el PCE y participó en la UNIÓN NACIONAL. En 1944 se incorporó a la Agrupación Guerrillera de Santander, que en ese momento dirigía Rafael Crespo. Se hizo viajante de especies para poder justificar su movilidad y enlazar la Brigada Machado con la Agrupación. Fue el responsable de la multicopista en la que se imprimía la propaganda y el periódico de la Agrupación Guerrillera. Se vio arrastrado por la caída del 15 de julio de 1945, en la que quedaron desarticulados el Comité Provincial del PCE en Cantabria y los responsables de la Agrupación Guerrillera de Santander. Mientras estuvo en prisión fue un miembro activo del PCE. Después de salir de la cárcel, en el año 1953, fue desterrado a Santurce; y a partir de la segunda mitad de los años cincuenta empezó a participar en la lucha sindical.
Desde el primer momento de la sublevación estuvo colaborando con el Frente Popular, informando de los movimientos sediciosos que se produjeron en el Regimiento Valencia. Participó en la organización y adiestramiento de las milicias, y formó parte de la primera columna que partió al frente. Fue ascendido a teniente, y como tal pasó a formar parte del Batallón 121 y luego del 112. Al caer Santander, estuvo preso en la Prisión Provincial, en el convento de las Salesas y finalmente en el Penal del Dueso. Salió en libertad en 1941
A la salida de cárcel tomó contacto con el PCE y participó en la UNIÓN NACIONAL. En 1944 se incorporó a la Agrupación Guerrillera de Santander, que en ese momento dirigía Rafael Crespo. Se hizo viajante de especies para poder justificar su movilidad y enlazar la Brigada Machado con la Agrupación. Fue el responsable de la multicopista en la que se imprimía la propaganda y el periódico de la Agrupación Guerrillera. Se vio arrastrado por la caída del 15 de julio de 1945, en la que quedaron desarticulados el Comité Provincial del PCE en Cantabria y los responsables de la Agrupación Guerrillera de Santander. Mientras estuvo en prisión fue un miembro activo del PCE. Después de salir de la cárcel, en el año 1953, fue desterrado a Santurce; y a partir de la segunda mitad de los años cincuenta empezó a participar en la lucha sindical.
miércoles, 26 de noviembre de 2008
Las escalas de Levante
Esta historia no me pertenece, narra la vida de otra persona. Con sus propias palabras, que sólo he corregido cuando me parecía que les faltaba claridad o coherencia. Con sus propias verdades, que valen lo que todas las verdades. (Amín Maalouf)
sábado, 22 de noviembre de 2008
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