jueves, 18 de diciembre de 2008

Un días lluvioso sin Franco.



Un día lluvioso, como hoy, los obreros pusieron en marcha sus martillos neumáticos, ajustaron las cadenas y se llevaron por los aires la estatua del caudillo del centro de Santander. Este sueño, que inundó las noches de muchos represaliados, exililados, encarcelados, humillados por su gracia, se ha cumplido hoy 18 de diciembre de 2008. Antes de que dieran las nueve y media de la mañana, cuando aún la luz del día dudaba si brillar, se pusieron en marcha los obreros. Subieron a los andamios, tendieron sobre el caballo las cinchas y las cadenas que le debían librar del peso de la historia que soportaba.

La mañana fue larga, tuvieron que emplearse a fondo con los martillos neumáticos, y la radial para arrancar las raíces que el generalísimo había echado en la plaza. La gente se concentró para despedir, en una mañana de nubes y gotas, de frío y emoción, los malos sueños que embargaron a sus abuelos, a sus padres, a sus hermanos o quizás a ellos mismos.

Podríamos decir que es fin de un símbolo en la ciudad de Santander, sin embargo todavía quedan decenas de calles dedicadas a los generales victoriosos, a las batallas heroicas, a la falange y no se cuantos personajes oscuros, que llenaron de luto muchas familias. Podríamos decir que es el inicio del camino que nos lleve a desterrar los símbolos de la dictadura de nuestro mapa mental; pero no sé cómo interpretar que tras anunciar la retirada de la estatua de Franco, a quinientos metros, se haya inaugurado una enorme bandera, a modo de baluarte, de compensación, de aviso...

Hoy Santander está libre de él, del que representó la dictadura, la pérdida de las libertades, del miedo, de un tiempo triste...

Y yo, Valentín Andrés esto firmo en Santander, a 18 de julio de 2008

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